martes, 18 de mayo de 2010

Combatiendo por la Paz


Nos entrevistamos con un israelí y un palestino, miembros de Jaialim le Shalom, una organización de excombatientes de ambas partes que dejaron las armas y se decidieron a formar una organización que tiene como objetivo juntar a los pueblos en conflicto para que se conozcan y puedan llegar a una solución a este.

A: Yo nací en los territorios, en una familia numerosa, pero que, por suerte, poseía tierras. Me críe ahí, en un ambiente que aunque estaba caldeado por el conflicto árabe israelí, no fue tan distinto al de otros. Pero cuando era joven, el ejército israelí expropió las tierras de mi familia para crear una base militar en los territorios. En ese momento, mi forma de pensar cambió complemente, para ser reemplazada por un gran odio hacia Israel. De a poco, empecé a acercarme a las fracciones extremistas que actúan en los territorios, hasta que terminé participando como miembro activo de Al Fatah.
Después de unos años de militancia, se decidió que iba a realizar un atentado suicida en Israel. Pero cuando llegué al lugar, con la bomba lista, el ejército me descubrió, y me condenaron a 8 años de prisión.
En la cárcel las condiciones eran muy malas, y decidimos hacer una huelga de hambre. Una de las noches de la huelga, hablé con un guardia israelí, cosa muy extraña en una cárcel de ese tipo. Al final terminamos tomando un café, y charlando muy amistosamente. Al día siguiente, hubo visitas, y vi que el guardia trataba mejor a los presos que las otras veces que lo había visto. En ese momento me di cuenta que la gente podía cambiar, que las cosas podían cambiar.
Después, tuve un cambio total, me dejaron libre un tiempo antes por buena conducta, y nos juntamos para fundar Jaialim le Shalom (combatientes por la paz).

I: Yo nací en Israel, mis padres fueron Olim (inmigrantes a Israel). Mi casa siempre fue muy política: se discutía siempre todo, y yo me imbuí de eso durante mi niñez. A los 18 años, como todo chico a esa edad, tuve que hacer el servicio militar. Unos años después, fui convocado a la operación militar que tuvo lugar en Gaza, en el año 2008. Mi función era vigilar la frontera, en un paso militar. Un día, una niña se acercó, y le tuvimos que decir que se alejase. En ese momento, vi en los ojos de la nena nada más que odio hacia nosotros. Cuando terminó la operación, volví a Israel, y empecé a estudiar árabe con el objetivo de poder acercarme a esa población. Durante un tiempo, después, fui a vivir a un poblado árabe, haciendo trabajo voluntario, y me sentí realmente conectado con la gente allá, y muy contento de poder hacer algo para poder resolver el conflicto.
Un tiempo después, me convocaron para el ejército nuevamente, y me vi en la situación de tener que decidir si ir o no ir. Opte por rechazar la orden, y entregar mi renuncia al comandante. Fue una decisión muy difícil, acá no estar en el ejército es un gran estigma social.
Poco después me uní a Jaialim le Shalom, para poder colaborar en algo para acercar a Medio Oriente a la paz.

¿Como creen que es el camino para llegar a la paz?
A:
Creemos que es necesario un acercamiento entre los dos pueblos, no solo entre los gobiernos, sino entre la gente, que hablen entre ellos, que sepan lo que el otro quiera, y porque. Porque unos dicen que las tierras son de ellos, porque los otros dicen lo mismo, que se entiendan, que vean a los otros como personas con deseos, ideas, ideologías.
Una vez hecho eso, ya la derecha no va a gobernar en Israel, ni los movimientos extremistas en Palestina, porque la gente ya no va a tenerse miedo. Y con eso, ya está construida la base, no va a importar si entregar tal o cual territorio, porque ambos van a saber que vale la pena entregar algo para tener, a cambio, la paz.

¿Como la gente los ve? Respetan su trabajo o los creen traidores?
I: No, para nada, traidores no. Aunque no comparten lo que pienso, mis amigos y mi familia sienten que hago algo positivo por la paz, que es algo que también ellos quieren. Aunque a veces hay cierta resistencia de la gente (especialmente por haber desertado del ejército) se supera cuando explico que es lo que hago. Pero no, la gente no rechaza mi trabajo.
A: En mi caso, pasa lo mismo. Obviamente que ya no tengo contacto directo con la gente de Al Fatah (que, de todos modos, están más moderados) pero la gente con la que vivo, en los territorios, no rechaza mi trabajo, sino que lo siente como algo bueno para que podamos vivir en paz, al fin y al cabo, el pueblo palestino no está en contra de la existencia de Israel, quieren convivir en paz, pero tener lo que es suyo y les corresponde. Es eso nada más, y mi gente sabe que estoy aportando a ese fin de una manera distinta a la que conocen, pero positiva.

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